YO ME VACUNO
Ahora estoy acatarrado. Pero, en cuanto salga de este molesto moqueo, me vacunaré en mi centro de salud. Lo haré porque, como diabético, formo parte de uno de los grupos de riesgo señalados por las autoridades sanitarias como destinatarios de la campaña de vacunación.
Me fío más de esas autoridades que de cualquier monja lista con una cámara de video y una conexión a Internet. Me fío más que de tantos médicos resentidos que, armados del correo electrónico y parapetados en su título, predicen el apocalipsis sanitario, no sin antes exigir que sea la ministra la primera en vacunarse, aunque no forme parte de los grupos de riesgo. Me fío más, en fin, que de la irresponsabilidad de algunos medios de comunicación que nos bombardean con las opiniones de sus "muestras" de población cazadas a "vuelamicro" y servidas sin advertirnos que quienes dudan de la eficacia de la vacuna no tienen formación sanitaria, no están entre los grupos de riesgo y dicen lo que dicen con la misma facilidad y alegría que opinarían sobre la necesidad de cambiar al entrenador del Real Madrid.
Seamos serios. La gripe A se ha manifestado como muy contagiosa. Sé de algunos colegios donde abundan los casos entre los alumnos y sé que no es peligrosa para la mayoría de la población. También se que puede ser letal para quienes padecen otras enfermedades, especialmente respiratorias, y, en casos extremos, para las embarazadas.
La memoria es frágil y ya no recordamos como se nos retransmitía minuto a minuto el avance de la infección. Tampoco recordamos el "hit parade" de fallecimientos con que nos bombardeaban a todas horas un día y otro. Sepan ustedes que, probablemente, el número de muerte a causa de esta epidemia ha seguido creciendo y que las víctimas pertenecen casi en su totalidad a los grupos de riesgo señalados por las autoridades.
Y sepan que estar en uno de esos grupos de riesgo no significa tener más facilidad de contagio, no. Lo que supone es que si se contagian van a tener más complicaciones que el resto de la población. En cuanto a los médicos, con su vacunación, se trata de evitar que sean el vehículo de contagio para sus pacientes.
Creo que es fácil de entender. Yo pertenezco a un grupo de edad en el que todavía había niños "cojitos" afectados por la poliomielitis, una enfermedad que como muchas otras ha sido felizmente erradicada de nuestra sociedad.
Termino con un ruego: que alguien descubra una vacuna contra la desinformación y la demagogia. Hace mucho daño y casi todos formamos parte de sus grupos de riesgo.