CELOS Y CEGUERA
A la Cadena SER el editorial conjunto de la prensa catalana le ha provocado un ataque de cuernos, porque no fue consultada para la redacción y la emisión del mismo.
Ayer asistimos una vez más al lamentable espectáculo de la confusión entre información y propaganda, porque de unas primeras informaciones, el jueves, complacientes con la iniciativa se pasó a criticar, primero, la gestión de la iniciativa, para, más tarde, pasar a la descalificación del texto en sí, atribuyéndole un origen bastardo que se originaría en el hecho de que el director de El Periódico, Rafael Nadal, es hermano del conseller de Obras Públicas del gobierno catalán, Joaquim Nadal.
No hay que ser muy listo para deducir que el cambio de actitud tiene su origen, más en el puente o en la oficina del armador que en la sala de calderas. Si no, no se explica esa obstinada reiteración de la información en cada boletín horario, horrible para la antena, pero que suena a trompetería en los despachos. Uno que ha sido cocinero antes que fraile y lo ha sido en los fogones de la SER sabe que tan antiestética práctica tiene su origen en quien tiene el poder para imponerla.
Tal parece, en una primera lectura, que la actitud de la cadena con el editorial ha sido la del machista "si no mía, de nadie", que en su torpeza, confirma lo acertado de no haber convocado a la SER para la ocasión.
El caso es que la información de la SER no hace sino dramatizar lo que probablemente sea tan obvio como razonable, retorciendo los argumentos como sólo son capaces de hacerlo quienes se felicitan de que desprenderse del 21% de Sogecable, el origen de la deuda y los males de PRISA y sus trabajadores, les haya permitido conocer su precio. Me suena a aquello de Abundio, que vendió el coche para pagar la gasolina.

