IMPACIENCIA O IMPRUDENCIA
No sé si los médicos que atendieron a la pobre Aitana obraron con imprudencia o la prensa que se hizo eco del asunto cometió otra vez su habitual pecado de impaciencia. El caso es que Diego, un inocente, ha visto sumarse al dolor y la desesperación de no haber podido evitar la muerte de la hija de su compañera la vergüenza de haberse visto tratada en las portadas de los periódicos y en las pantallas de los televisores como un asesino. Y eso, sin que nadie protestase por “la pena de telediario” aplicada a Diego.
El caso de la muerte de esta pobre niña del sur de Tenerife revela que esta sociedad perdona con demasiada frecuencia el pecado de ligereza porque le han enseñado a aplicar el protocolo de prejuicios e insultos repetidos una y otra vez ante historias que nos presentan como parecidas.
A mi modo de ver en estos casos el peor pecado es el de la impaciencia de los medios. Lo importante es tener una imagen, porque ya se encargará de adornarla y engordarla con una historia que aumente las audiencias y venda más ejemplares.
En esta ocasión la terrible foto de Diego esposado y saliendo de los juzgados fue conveniente sazonada con titulares como “la mirada del asesino” y supongo que no fue ese el único perfil del caso que se exageró. Yo, precisamente en un telediario, le vi bajar esas escaleras con cara de pena y no le encontré la “mirada del asesino”, pero también podía estar equivocado.
Me imagino los comentarios que esa imagen, presente sin cesar en un bucle interminable en el “chroma” del estudio, sirviendo de fondo a una tertulia de "expertos" que subrayan y exageran la bajeza moral del detenido, que le adelantan lo mal que lo va a pasar en la cárcel, porque los asesinos de niños son los peores bichos entre rejas, odiados por el resto de los internos.
En este asunto nadie quiso creer la historia que había contado Diego cuando llevó a Aitana a urgencias. Nadie creyó lo de la caída en el parque, porque los prejuicios nos dicen que estos asesinos se inventan historias para esconder su crimen. Menos mal que la niña fue vista por un médico después de aquella caída y menos mal que lo contó, porque de no haber sido así, el forense no hubiese tenido una hipótesis alternativa a la de los malos tratos a la hora de hacer la autopsia de Aitana.
Al hablar de la muerte de Aitana la prensa ha cometido el doble pecado de la impaciencia t la imprudencia. Los médicos de urgencias aplicaron al caso el protocolo correspondiente y comunicaron sus sospechas al juez y ojalá que lo sigan haciendo. El juez no fue quizá demasiado diligente a la hora de comprobar la historia y alguien dio el “chivatazo” a la prensa y soltó los perros sobre Diego.
Quizá el único culpable fue el médico que atendió a la niña tras la caída en el parque, porque no dio la importancia debida a aquel golpe que le causó el edema cerebral que le causó la muerte y que permitió al forense corroborar la versión del pobre Diego.
Visto con frialdad, el asunto es terrible y revela la ligereza con que esta sociedad juzga y condena. Un optimista pensaría que, a partir de ahora, todos tendremos más cuidado y prudencia al tratar estos asuntos, pero mucho me temo que el desenlace del asunto ni siquiera aparecerá en muchos de los medios que “hicieron caja” con la historia.

