LA EXTREMA DERECHA SÍ EXISTE
EFE
Me veo obligado a explicar que el título de la entrada de hoy tiene su origen en la gilipollez que acabo de escuchar a un contertulio de la Cadena SER de esos de a tanto la pieza, pagado de sí mismo, provocador y ultraliberal de cuenta corriente agradecida.
Decía el tal contertulio con el desparpajo que le caracteriza que “la extrema derecha” no existe y no me queda más remedio que decir que claro que existe.
La extrema derecha es ese monstruo que duerme plácidamente en las sociedades opulentas, engordando con ellas, hasta que un día cambian los vientos de la economía y se despierta con un cosquilleo en las garras, mientras busca presas que perseguir.
Ese monstruo sabe imitar los lamentos de los cachorros desvalidos y acosados, pero sabe también que aullidos lanzar y dónde hacerlo, para que quienes están siempre dispuestos a culpar a los otros de sus males se apunten a la manada. Y, entonces, comienza la cacería.
Lo primero es señalar y acorralar a sus víctimas. Lo hizo Hitler con los comunistas y los judíos y lo está haciendo el ultraderechista Wobmann con el referéndum que acaba de ganar para eliminar los minaretes de las mezquitas en Suiza.
Desmochar mezquitas es algo aparentemente fácil y vistoso. Pero en el fondo es una humillación a quienes encuentran en su fe unas señas de identidad tan válidas como la pretendida y no siempre real neutralidad suiza.
Wobmann y los suyos, que, en este asunto, han resultado ser la mayoría de los suizos sostienen la falacia de que los minaretes de las mezquitas acabarían por alterar el paisaje suizo ¿Y los puentes de Calatrava? ¿Y las torres de las grandes empresas? Está claro que sólo era una excusa para hostigar al enemigo traído de fuera como criado a bajo coste que ahora tiene la desfachatez de exigir derechos y pretender seguir siendo él mismo.
Pero la extrema derecha no sólo ha despertado en Suiza. También se despereza en el norte de Italia, donde los italianos del Sur también son vistos con desprecio y desconfianza. Y mientras pasa esto, se enseña la cruz como en los viejos tiempos, pretendiendo ahora llevarla a la bandera.
Creo que, si la Historia tiene algo que enseñarnos en este asunto, ese algo es que tan malo y peligroso como ensalzar los símbolos es perseguirlos, porque estas cosas se sabe como empiezan, pero no siempre se sabe como acaban.

