COMO DE OTRO SIGLO
Esa es la única explicación que soy capaz de encontrar para explicar el enrevesado argumento de la pregunta que dirigió del senador popular Luis Peral Guerra al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, en el pleno de ayer. Que el senador Peral hay a llegado hasta nosotros desde otro siglo que ni siquiera es el pasado.
La intención del portavoz popular para asuntos de Interior era sin duda, la de meter el dedo en el ojo al ministro a propósito del ofensivo gesto de militares británicos en Gibraltar que hicieron prácticas de tiro sobre una boya con los colores de la bandera española. Un incidente por el que ya ha pedido disculpas y que tiene la importancia que tiene y no la que algunos quieran darle.
Lo curioso es la forma en que planteó la pregunta el Sr. Peral, porque comenzó por justificarla “ofensa” en el hecho de que el pueblo británico, al que dijo admirar, suele despreciar y ser implacable con los débiles y, en su opinión, dispararon sobre la boya porque España demostró su debilidad cuando, hace cinco años, trajo de vuelta a las tropas enviadas por Aznar a Irak en lo que Peral calificó de “ignominiosa retirada”.
Que yo sepa. Aquella retirada no fue sino el cumplimiento de una promesa electoral que recogía el clamor popular demostrado en la calle y en las encuestas contra una invasión, esta vez sí, ignominiosa, ordenada por alguien que como acertadamente dijo Iñaki Gabilondo en su día “necesitaba subirse a una guerra para parecer más alto.
Pienso que si la pena por haber evitado que nuestros soldados muriesen y matasen en una invasión injusta, planeada por las grandes empresas del petróleo y de la guerra, es la de recibir unos cuantos disparos en una boya, con o sin bandera, yo estoy dispuesto a pagarles unas cuantas boyas más, antes de incrementar la nómina de centenares de miles de muertos, la mayoría civiles inocentes, en una invasión tan absurda como sucia para que, ahora, cinco años después, otros países retiren sus tropas con más bajas y tanta o menos gloria que España.
Por cierto no he podido resistir la tentación de saber más del senador Peral y he comprobado, no sólo que fue consejero de Educación de la Comunidad de Madrid con Esperanza Aguirre, sino que su anterior hazaña fue mostrar su preocupación por “la proporción creciente de soldados de origen magrebí que prestan servicio en las unidades de Ceuta y Melilla", lo que le valió la reprobación de sus propios compañeros y le obligó a pedir disculpas.
Podríamos viajar en el tiempo como él para lamentar demagógicamente que no hubiese estado allí para preocuparse por lo mismo en 1936. A lo mejor, Franco no hubiese podido sacar adelante su “alzamiento”. Pero eso sería historia ficción y hoy no toca.

