A MEDIA LUZ

EL VOTO INÚTIL

 

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Nada hay más inútil que aquello que produce el efecto contrario a lo que se persigue. El que se rompe un pie por querer correr más de lo debido se va a acordar cada hora de cada día de cada semana que esté escayolado de que, si hubiese ido más despacio, quizá habría llegado a su destino y se vería condenado a quedar sentado con el pie en alto.

En esto de las elecciones, ocurre algo parecido cuando votamos más izquierda para no premiar a quienes durante cuatro años nos han aplicado políticas de derechas desde un gobierno conseguido con votos de la izquierda. Lo malo es que después, nunca sabré el porqué, en aquellos que son elegidos con esos votos "más a la izquierda", se producen graves sarpullidos de dignidad, salpicados de aparatosos accesos revanchistas que, al final, acaban dejando los gobiernos en disputa en manos del enemigo común que no es otro que la derecha.

Naturalmente. Está claro que estoy hablando de Izquierda Unida que está a un paso de dejar los gobiernos de importantes ciudades de toda España, pero especialmente en Andalucía y Extremadura, así como el de esta última comunidad autónoma, en manos de una derecha caciquil y especulativa que, entre otras cosas, tomaría las riendas del peonaje en muchos municipios donde el ayuntamiento es, en determinadas estaciones del año, el único creador de empleo.

Qué es esto ¿una "pataleta" como aquellas niñerías de "me enfado y no respiro"? No lo sé, pero los dirigentes de Izquierda Unida, en todos los niveles, deberían recordar a dónde les condujeron la "pinza" y el "sorpasso" de Julio Anguita, que no fue a otro sitio que a los últimos y escasos escaños del congreso.

Esa es la sensación que ahora tengo. Exploro con mi "anguitómetro" al líder extremeño de IU, Pedro Escobar, y el aparato se funde por sobreexposición al rojo. Esas poses, esos desplantes, esa mirada que se pierde más allá de la realidad, recuerdan demasiado a aquellos tiempos en que "el califa", coreado por Pedro José Ramírez, se convirtió en el "tonto útil" que ayudó a llegar a Aznar a la Moncloa.

Esta vez, parece que Rajoy no va a necesitar del auxilio de Cayo Lara que, como líder, es mucho más gris de lo que fue Anguita en sus buenos tiempos, que también los tuvo.

Lara quiere evitar ahora que los concejales y diputados electos por IU no faciliten "por acción u omisión" la llegada del PP a determinados gobiernos y ayuntamientos, algo que no deja de ser desconcertante tras una campaña electoral en la que pareció que el enemigo a batir era el PSOE.

El mal ya está hecho y de aquí al domingo se puede agravar y, si, finalmente, tras tanto bandazo discursivo, nadie hace caso a Cayo Lara y se facilita el acceso del PP a los ayuntamientos en disputa y al gobierno de Extremadura, IU se convertirá en fuerza extraparlamentaria, porque decenas de miles de votantes comprenderán que su voto no sólo no ha sido útil, sino que ha reforzado el recibido por el PP. Entonces, la sensación de haber castigado a los socialistas se tornará, poco a poco, una pesada carga a arrastrar durante cuatro años.

Mientras tanto, Cayo Lara debería ir pensando en dejar un cargo que, a todas luces, le queda demasiado grande.

 

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