A MEDIA LUZ

NO LO ENTIENDEN, NO LO QUIEREN

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Miles de jóvenes esperan en España algo que justifique el esfuerzo que, durante años, han hecho ellos mismos y sus padres para dotarse de una formación que garantizase su futuro. Pero el futuro que les estamos dando es, en el mejor de los casos, el de entrar en una inestabilidad laboral permanente que no les garantiza el desarrollo personal que sus padres hubiésemos deseado.

Evidentemente, son muy fuertes las escenas vividas ayer en el parque de la Ciudadela, pero también son terribles las situaciones que viven día a día estos jóvenes que, de la noche a la mañana, se han quedado sin futuro. Se habla de violencia y del respeto que se debe a instituciones como el parlamento o a quienes se sientan en sus escaños. Con toda la razón, Sin embargo no se habla de los derechos individuales de los ciudadanos, entre los que están el que tienen a una vivienda y un trabajo dignos.

Creo que es muy fácil entender que quien ni recibe ni espera recibir nada del sistema no quiera saber nada de santuarios de sacrosantas democracias. Para ellos, se trata de una especie de desahucio: el sistema no puede o no quiere saldar la deuda que contrajo con ellos y por ello exigen su desalojo.

No me gustaría que las escenas de ayer en Barcelona se convirtiesen en el resumen de un mes de indignación, en una especie de "Cojo Manteca" de 2011, como las de aquel pobre desgraciaron resumieron, para muchos, las revueltas estudiantiles de la segunda legislatura socialista.

Recuerdo que, si no entonces, sí unos meses antes, Javier de Paz estaba al frente de las Juventudes Socialistas y era tan dado a los gestos como al lujo. De entonces a acá, De Paz ha saltado de consejo de administración en consejo de Administración hasta llegar al de Telefónica con un salario de vértigo. No me extraña el resentimiento de los jóvenes que, con más formación pero menos amistades, se ven condenados al paro y la "dulce esclavitud" de un salario "de mierda" para siempre.

Me he visto estos días charlando con algunos de los acampados en la Puerta del Sol, aconsejándoles que "conectasen" con el sistema para cambiarlo. Pero, claro, si los que, como De Paz, llevan años en él, se supone que para cambiarlo, y acaban sentados en el consejo de Administración de la empresa que, con beneficios escandalosos, prepara un "súper ERE" tan innecesario como injusto, no me extraña que rechacen cualquier connivencia con lo que les ha llevado a donde están.

Pero, casi peor, es la actitud del sistema, de los partidos políticos que se supone que son los encargados de llevar nuestra voz al Parlamento. No han entendido nada y, como no han entendido nada, o, mejor dicho, no han encontrado el camino para "vampirizar" esa fuerza que, indudablemente, tiene el movimiento, no les gusta. Podría pensarse que estaban esperando lo de ayer para cargar contra esa corriente que no controlan. Y así lo hicieron.

Daba pena escuchar la tertulia de políticos de "La ventana" de la SER. Para ellos, lo del Parque de la Ciudadela llevaba al fascismo, según unos, y al totalitarismo, según Jorge Fernández Díaz, PP. De hecho llegaron a decir que movimientos similares fueron los que condujeron a la llegada de Chaves al poder.

Más escandalosas fueron las palabras de Fernando Savater a PÚBLICO, calificando a los concentrados ante el Parlament de "mastuerzos" o la intervención de mi respetado Ramón Jáuregui que, haciendo cuentas, dijo que los indignados eran dos mil y quienes votaron a los diputados a los que no dejaban reunirse fueron más de tres millones. Se equivocan i hacen trampa, porque entre los que estaban a las puertas del parque había ciudadanos que habían votado y que se sentían engañados, porque ningún partido acudió a las urnas llevando en su programa los duros recortes que se iban a aprobar y, finalmente, se han aprobado.

Manteniendo la postura que mantienen, Jáuregui, Savater y todos los demás están tildando de mastuerzos a aquellos que hace cuatro décadas se levantaron, en contra de su presidente y sus "legítimos" representantes en el Congreso de Estados Unidos contra la guerra del Vietnam.

Nuestros políticos, desde su escaño de piel y maderas nobles no son capaces de entender o ver la utilidad del movimiento 15-M y, como no lo entienden, insisto, no lo quieren. Salvo algún listillo, como Cayo Lara, que se dejó ver por la concentración que impidió un desahucio en el barrio de Tetuán, sin sacar otra cosa que un remojón y los correspondientes segundos de gloria ante las cámaras.

 

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