A MEDIA LUZ

COMO EN LA EDAD MEDIA

 

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Señores, hemos vuelto a la Edad Media. Estamos de nuevo ante el feudalismo salvaje de aquellos tiempos en que los señores campeaban sobre los derechos de sus siervos, amparándose en ejércitos privados, pagados con las arcas resultantes de la sangría a que sometían a sus vasallos y con la rapiña consentida de la riqueza del enemigo.

Pues bien, ahora, ocho siglos después estamos volviendo al pasado, a la más negra de las etapas del hombre sobre la Tierra. Y no es sólo una metáfora. Tenemos ejércitos privados que defienden por dinero dictaduras sanguinarias como la de Gadafi en Libia o políticas y negocios inconfesables como en la "guerra privada" de Irak. Tenemos predicadores que, desde sus púlpitos en las televisiones, llaman a las cruzadas contra los herejes que abrazan el pensamiento equivocado. Tenemos poderosos banqueros que, a cambio de secuestrar su voluntad, financian gobiernos y a los partidos que los sostienen. Tenemos a la iglesia, decidiendo qué es verdad y qué es mentira y monopolizando otra vez, pasito a pasito, la enseñanza. Tenemos también el desmantelamiento de la sanidad pública que condenará a los pobres a depender de milagros y peregrinaciones para recuperar la salud. En fin.

Estamos volviendo a las tinieblas y cuando, por fin, nuestros jóvenes y no tan jóvenes despiertan, como no era lo previsto, los telepredicadores tardan en encontrarles las pulgas, las flautas y las piedras, para echarles encima a esa parte de la sociedad que ha encontrado en ellos la esperanza y la heterodoxia que estaban echando en falta.

Lo malo es que las huestes de los "sin futuro" que, no lo dudéis, somos casi todos, se combaten ya en todos los frentes, con la munición de las consignas convenientemente distribuidas entre portavoces y contertulios. Y no lo digo por decirlo: después de que las susodichas huestes impidieran un primer desahucio en Tetuán, que lo hicieran por segunda vez en Parla, ya no le gustó tanto a uno de esos contertulios que tasa sus opiniones muy por encima de las mensualidades que adeudan los desahuciados. Quizá eche de menos esas escenas de las películas de Robin Hood, en las que los hombres del sheriff de Nottingham queman la choza del campesino que no puede pagar los impuestos para que sirva de ejemplo a los demás.

Está claro que volvemos a lo más oscuro de la historia del hombre. Esos tiempos en los que la cuna determinaba el destino de los hombres y sus derechos. Si no hacemos algo, y pronto, estaremos perdidos.

 

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