A MEDIA LUZ

LA CABALGATA DEL PAPA

 

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Los curas rojos, que por cierto y por desgracia cada vez son menos, andan revueltos y escandalizados con los fastos de próxima visita del papa a Madrid. Y no me extraña, porque las visitas papales se han convertido en una especie de festival de Eurovisión, hortera y caro, en el que el país anfitrión se deja lo que no tiene para impresionar a la audiencia.

Yo me sumo a su protesta por la cantidad de dinero aportado por marcas comerciales para financiar la visita y añado mi estupor ante el tramposo nombre dado al motivo de la visita, unas presuntas Jornadas Mundiales de la Juventud, en el que se escamotea el apellido "católica" para acotar un término tan prometedor y tan hermoso como lo es el de juventud.

Cuando uno escucha en radio la publicidad de El Corte Inglés adornada con la coletilla "entidad patrocinadora de las Jornadas Mundiales de la Juventud" puede llegar a pensar que la cadena de grandes almacenes financia una nueva edición de Woodstock o un congreso en el que, de una vez, se analicen los problemas de quienes están siendo más perjudicados por la crisis.

Pero no. Lo que colapsará Madrid a costa de nuestros ya maltrechos bolsillos será un montaje organizado a mayor gloria del monarca vaticano. Una especie de peregrinación al santuario de Fátima en la que la que peregrina, toda vestida de blanco en su urna de cristal con ruedas, es la propia virgen.

Todo lo que se puede esperar de esa visita, además de atascos e incomodidades que, sin duda, colapsarán Madrid, son momentos de éxtasis colectivo, mitad por el hambre y el cansancio, mitad por el efecto de la histeria y el sol. Y negocios, muchos negocios, como los que se hicieron en torno a aquellas jornadas de la familia que tanto dinero dejaron en los bolsillos de Correa, Bigotes y sus trajeados amigos. Ya se sabe que cada metro cuadrado de moqueta es "una oportunidad de negocio" para quien lo pone y para quien decide quién lo pone.

Ahora que se acerca el desfile del Día del Orgullo Gay, yo propongo que la comitiva de Benedicto XVI se convierta en sus deslazamientos por Madrid en una especie de cabalgata llena de carrozas altas y pomposas adornadas con las pegatinas de los patrocinadores. Así, algún cardenal podría ir sentado sobre el Ferrari de Botín, el papa sobre una lata de Coca Cola gigante por un recorrido adornado con banderas vaticanas y banderolas del Corte Inglés o cualquier otra de sus manifestaciones comerciales.

Yo, de momento, nunca he tenido cuenta en el Santander, he dejado de comprar en el Corte Inglés -por esto y por el acoso al campamento del 15-M de Sol- y estoy en el intento de dejar la Coca Cola, aunque, para un diabético, la Zero es una tentación difícil de vencer.

 

PD: No sabéis lo que se agradece vivir de una pensión y no de un sueldo de cualquier medio de comunicación para poder escribir esto que acabo de escribir. En mi antiguo trabajo sería imposible. Y sé de lo que hablo.

 

Comentarios

Bueno, pues por fin alguien lo ha dicho. No es una jornada de «la juventud» sino de «la juventud católica». Aún más: yo diría «parte de la juventud católica». Y como muy bien señalas, escamotear ese dato es hacerles el juego. Algo que estamos viendo en todos los medios, los mismos que no quieren caer en trampas del lenguaje cuando unos secuestradores hablan de «ejecutar a los prisioneros».

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