A MEDIA LUZ

¡ESTÁS MUERTO!

 

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¡Estás muerto! Cuántas veces habré tenido que escuchar tan terrible frase de labios de mequetrefes que apenas levantan seis palmos del suelo, tan prestos a la lágrima como a buscar refugio en su mamá, pasando de ser un superhéroe a convertirse en décimas de segundo en el niño que aún son.

Cuando ocurre, me pregunto qué hubiese dicho la abuela Evarista si los oyese. No lo hubiese soportado. Ella que vivió una guerra con niños, sus hijos, de todas las edades enredados en sus faldas, ella que creía en su dios bastante más que en los curas, ella que se escandalizaba cuando escuchaba un "gilipollas" de boca de sus nietos, criados a las puertas de un mercado, ella pensaría, seguro, que no había escuchado bien.

Pero, por desgracia, la cosa es más habitual de lo que sería saludable para todos. Los niños de hoy pasan demasiadas horas expuestos a la violencia. Se la sirven, aderezada de todas las formas posibles, en películas, series de televisión y videojuegos. Recuerdo que en mis tiempos todavía impresionaban aquellas imágenes de aquella violencia inútil y estúpida de la guerra de Vietnam, recuerdo que en la televisión los buenos siempre eran más justos que violentos y no sé, aunque me temo que no, si los niños de ahora soportarían una tele en la que la gente ni discute, ni se insulta ni se mata.

Todo esto viene a cuento de que ayer tarde escuché que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha impedido al estado de California prohibir la venta de videojuegos violentos a los menores de edad, porque, hacerlo, iría en contra de la libertad de expresión.

Me escandalizó tanto que decidí que ese sería el asunto de mi entrada de hoy. Cuál no habrá sido hoy mi sorpresa al comprobar que esta información que tanto nos afecta, no ocupaba un lugar destacado en la prensa y mucho menso en la radio, de donde, a estas horas ya ha desaparecido.

Tenemos tendencia a relativizar lo que afecta al juego y el entretenimiento y no somos conscientes -o sí- de que la industria de los videojuegos ha superado ya el volumen de negocio del cine y la música juntos. El juego, querámoslo o no, no es más que una forma de entrenamiento para la vida y, si estamos entrenando a nuestros hijos para que sean violentos, podemos imaginar -y mereceremos- lo que nos espera.

Todo tiene su explicación. No lo dudéis. Si el departamento de Defensa de los Estados Unidos colabora con las empresas que fabrican estos videojuegos tan violentos, es porque los "jueguecitos" en cuestión están preparando a quienes serían susceptibles de ser reclutados para cualquier guerra inútil, estúpida e injusta para soportar unas dosis de violencia difíciles de imaginar.

Lo gracioso, naturalmente entre comillas, es que quien defiende la libertad de expresar tanta violencia en los videojuegos lo justifica diciendo que la violencia está ya en los cuentos de Andersen y los Grimm. No así el sexo que nos limita a ser felices y comer perdices.

 

Comentarios

esta bien divertirnos con violencia aunque no es violencia al 100% te enseña algo

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