A MEDIA LUZ

CASI NOS LA CUELAN

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Ahí los tenéis. Parecen una pareja feliz. La foto, digna del escaparate del escaparate del estudio de un fotógrafo de barrio parece querer resumir la armonía matrimonial de una pareja feliz que, sin embargo, tiene pocos motivos para serlo. Habría que ver como la habría pintado el genial Goya que dejó para la Historia esos retratos que desnudaban el alma de la monarquía con la que que le tocó convivir.

El posado del tal señor Strauss-Kahn que me recuerda a un Louis de Funes corpulento y con pelo, y señora que, por su parte, digna de un reportaje sobre cualquiera de esas actrices maduras a las que, por desgracia, ya sólo les ofrecen papeles de suegra en comedias sobre bodas y divorcios de gente bien... el posado, prosigo, que supongo tan caro como la cena con que la pareja celebró hace dos días la retirada de la fianza y el arresto domiciliario del que sigue siendo el presunto agresor de una camarera, debe formar parte de la carísima estrategia jurídica y mediática con la que el entorno de quien fue y ya nunca volverá a ser director general del FMI intenta salvarle de la cárcel.

Hace dos días nos contaron que al fiscal le asaltan ahora las dudas sobre el testimonio de la camarera agredida porque mintió para entrar en los EE UU y porque la "pillaron" contando por teléfono a un amigo encarcelado que su agresor tenía mucho dinero.

¿Y qué? me pregunto yo. Estamos hartos de saber que en ocasiones hay que mentir para que algunos países abran las puertas a las que llaman las víctimas de la pobreza y la guerra. Por otra parte, es humano que la camarera pretenda obtener algún tipo de compensación por una agresión que, además, la ha dejado marcada mediáticamente para los restos.

Desde que se supo del incidente y de la torpeza de Strauss-Kahn al tratar de huir precipitadamente del país, se puso en marcha una poderosa maquinaria destinada, no a demostrar la inocencia del director del FMI, sino a hurgar en el pasado de su víctima a la búsqueda de trapos suceso que desvirtuasen la fuerza de su testimonio. Los mejores abogados, los mejores detectives y, no hay por qué descartarlo, suculentas "propinas" para quien proporcionas pistas para manchar la imagen de la camarera negra, pobre e inmigrante. Esa maquinaria ha dado sus primeros frutos, poniendo en duda la veracidad del testimonio de la camarera, pero, afortunadamente para ella y desgraciadamente para su presunto agresor, las pruebas físicas son contumaces: sus hematomas y el ADN de Strauss-Kahn en su ropa y en su cuerpo corroboran su versión y, como publica hoy "Le Figaro", al análisis de los datos registrados en las llaves magnéticas de las habitaciones del hotel confirman la secuencia de los hechos narrados por la mujer.

Por si fuera poco, cuando la prensa francesa, deseosa de librar al culo de Strauss-Kahn de la dureza del banquillo, comenzaba a cantar victoria, la intención de la periodista de Tristane Banon de presentar otra denuncia por violación contra el político socialista ensombrece de nuevo, ahora en Francia y sin el factor chauvinismo a su favor, el futuro del que podía haber sido rival de Sarkozy en las presidenciales.

Nada está resuelto y está claro que Strauss Kahn, capaz de gastarse en una cena los setecientos euros que en España cobran al mes muchos licenciados, o de pagar los cincuenta mil dólares mensuales que costaba el alquiler mensual de su jaula de oro en Tribeca, hará todo lo posible e invertirá lo que haga falta en su libertad.

Me echo a temblar sólo de pensar que Strauss-Kahn pueda llegara al Eliseo. Menos mal que aún no ha ocurrido, pero esta vez casi nos la cuelan.

 

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