RAZONES PARA LA DEPRESIÓN

Escrito por javierastasio 08-06-2011 en General. Comentarios (0)

 

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Escucho hablar de la mezcla perfecta de tragedia y grandeza que fue la vida de Jorge Semprún y hago esfuerzos para imaginar de qué hubiese sido capaz si, con apenas veintitrés años, en lugar de verse a las puertas del campo de Buchemwald después de convivir con la muerte durante años, primero en la resistencia contra la ocupación nazi y después como carne a exterminar en el campo nazi, tuviese que enfrentarse a un país que se desmantela por momentos, incapaz de dar trabajo y cobijo a sus hijos.

Sé que me diréis que Semprún fue un hombre excepcional al que le tocó vivir un tiempo excepcional. Y tenéis razón. Aquellas circunstancias, terribles, sacaron lo mejor y lo peor de quienes las vivieron y cada uno, con su grandeza o con su actitud miserable, tuvieron la oportunidad de construir el futuro.

Semprún no lo hubiese tenido hoy tan "fácil". El viejo luchador era portador de unos valores que hoy se perderían en una montaña de currículos sin llegar a sentir siquiera el calor o el frío de la mano que rescatará o sepultará en un cajón su historia hecha papel.

Nuestros jóvenes, especialmente los universitarios, están acostumbrados a medirse en el esfuerzo de los exámenes, que, aunque en todo caben excepciones, son pruebas más o menos objetivas que, mediante los procedimientos de revisión de exámenes de algunas universidades, se resuelven en un cara a cara entre el profesor y el alumno. Nuestros jóvenes están por lo general más preparados y conocen más mundo del que conocíamos sus padres y del que, por desgracia, conocen aquellos que les condenan un día tras otro a la depresión de la desesperanza.

No es razonable que titulados universitarios, a veces por partida doble, con un idioma o dos, con "don de gentes" y dispuestos a comerse el mundo vean su vida convertida en un folio repetido hasta el infinito y distribuido indiscriminadamente por empresas que, a la larga, sólo buscan peones a los que pagar miserablemente y con los que "apretar" a quienes desde una nómina ven en ellos los rivales que ponen en peligro sus derechos y, en el peor de los casos, su propio puesto de trabajo.

Yo he visto becarios forzados a jornadas de seis horas por unos miserables trescientos euros y he visto torcerse el gesto de quien les contratan desde sus cómodos puestos de dirección, porque no se mostraban dispuestos a "esforzarse un poco más" o no se "reenganchaban" en esa "magnífica oportunidad" que les estaba dando la empresa.

Ayer mismo escuché en la radio cómo un parado, despedido de manera improcedente, tal y como sentenció el juez, contaba que la misma empresa que le despidió volvió a llamarle para ofrecerle otra vez trabajo, a cambio de devolver parte de la indemnización fijada por la magistratura y rebajando sus condiciones laborales.

No sé qué hubiese sido hoy de Semprún. Solo sé que España se está convirtiendo en un Buchenwald del que difícilmente nos sacará nadie que no seamos nosotros mismos.