QUE LO PONGAN POR ESCRITO

Escrito por javierastasio 09-06-2011 en General. Comentarios (0)

 

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Aún lo recuerdo. Eran mis primeros años en el periodismo y, como ocurriría muchas más veces, me vi ante la incómoda obligación de hacer la cobertura informativa de un acto con el que no estaba de acuerdo. Lo malo es que en aquella ocasión se cruzaban aún más sentimientos, porque el protagonista de aquel acto, la lectura de un manifiesto, era mi admirado Lluís Llach, el cantautor que me hizo amar y entender Cataluña y a los catalanes. Entre apretones -creo que fue en la calle Hortaleza- le tuve pegado a mí, haciendo púbica ante mi cassette, en el que lucía orgulloso las pegatinas de la SER, su intención de denunciar ante los tribunales a Felipe González y el PSC-PSOE por haber incumplido su programa electoral al pedir el SÍ en el referéndum sobre el ingreso de España en la OTAN. Llach basaba su denuncia en que había participado gratuitamente en un acto en el que se rechazaba el ingreso de nuestro país en la Alianza. Finalmente, el juez desestimó la demanda "por falta de legislación aplicable" y, lo confieso, yo me alegré, porque, pese a haber votado en contra en el referéndum, creo que, si no lo correcto, entrar en la OTAN, sí era lo conveniente.

Sin embargo, no era consciente de que, como el día que descubrí que los Reyes Magos eran los padres, estaba perdiendo la inocencia, porque, efectivamente, el PSOE había estafado a Llach y a quienes llegamos a creer eso de "OTAN, de entrada NO".

Hoy, el incumplimiento de los programas electorales, si no el silencio intencionado sobre los aspectos más controvertidos y polémicos de las futuras acciones de gobierno, son moneda corriente. Lo sabemos muy bien los españoles, aunque Zapatero puede alegar que la crisis fue sobrevenida, y lo saben muy bien los ciudadanos de Cataluña que ven ahora como el bien más preciado que tenemos los que no nadamos en la abundancia, la sanidad pública, está siendo recortada, cuando no desmantelada, sin que tamaña barbaridad figurase en el programa electoral de CiU.

En las últimas horas hemos pasado de las denuncias apocalípticas del PP sobre el estado de las cuentas de las autonomías y ayuntamientos (que no gobierna el PP) a los no menos apocalípticos datos sobre las deudas en materia de sanidad de las distintas comunidades autónomas.

Me temo que una y otra cosas son el diagnóstico catastrófico que justifique que nuestros futuros gobernantes amputen a diestro y siniestro derechos de pacientes y profesionales de la sanidad.

Ya hablan de copago y de compartir instalaciones hospitalarias con empresas privadas que harían lo mismo pero más caro y con mejores habitaciones y servicios, algo así como la clase business de los aviones, que, llevando a los mimos destinos, garantiza la comodidad de quienes la pagan a costa de las estrecheces del resto del pasaje.

Sí va a ser así, que lo digan abiertamente en sus programas, porque, por desgracia, al menos en Madrid, hay mucho indocumentado que aún cree que las incomodidades de los hospitales públicos son por culpa de Zapatero y las virtudes de sus profesionales corresponden a Esperanza Aguirre, que no hace otra cosa que “malpagarles” y endurecer sus condiciones de trabajo. Al día siguiente de las votaciones ya será tarde para arrepentirse.